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Evgeny Morozov se ha convertido en una voz autorizada en el mundo de las humanidades en lo que respecta a los temas vinculados a la tecnología, la Inteligencia Artificial (IA) y la sociedad. Morozov se ha posicionado como un crítico en torno al funcionamiento tecnológico en tanto espacio de apertura democrática y de libertad. Así, ha esbozado críticas sobre internet y su lado oscuro, el ciber utopismo o tecno optimismo, y la idea de que la tecnología salvará, de algún modo, el mundo.
En su libro La locura del solucionismo tecnológico, Morozov aborda justamente la idea del solucionismo asociado a la tecnología como un mecanismo que permitiría resolver problemas vinculados a lo social, lo político, lo cultural o, incluso, lo moral. El escritor centra su crítica en la radicalidad y la generalidad de la premisa solucionista, la que, de acuerdo a sus defensores, podría arreglar diversos asuntos a base de datos, algoritmos o diseños tecnológicos basados en el procesamiento de información.
Morozov ejemplifica la idea solucionista con cuestiones variadas, como la de la cocina. El autor muestra diversas “soluciones” que son presentadas como upgrades o mejoras que harían mejor, más fácil, más óptimo y más eficaz el trabajo de un chef o la mera acción de cocinar para cualquier persona. Morozov critica la idea de que todo debe ser mejorado y optimizado, ya que entiende que elimina el error humano o la improvisación, cuestiones que llevan a encontrar nuevas recetas o combinaciones en lo culinario.
Otro ejemplo que Morozov utiliza es el de la optimización y el auto monitoreo en la salud. La utilización de dispositivos, como relojes inteligentes o aplicaciones que miden nuestro ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el consumo y la quema de calorías o las horas de sueño, permitiría, de acuerdo a los solucionistas, encontrar mecanismos y caminos para mejorar la salud humana por intermedio del análisis de datos y la identificación de patrones y tendencias. Morozov se presenta muy crítico de estas tendencias, a la que se le suma la idea de un marco competitivo que habilitaría a una mejora del estado de salud, ya que las personas o usuarios se sentirían más motivados si pueden jugar al hacerlo.
En esencia, este tipo de ejemplos solucionistas son los que se convierten en el blanco de críticas de Morozov y llevan a que la tesis central que atraviesa su libro sea la de sostener que la idea de que todo puede ser resuelto por intermedio de la tecnología lo que hace es generar una tecnificación que se centra solamente en la mejora contínua y elimina la posibilidad de los errores o la ambigüedad.
De hecho, el pensador bielorruso afirma que una de sus preocupaciones es que Silicon Valley nos meta a “todos en una camisa de fuerza digital fomentando la eficacia, la transparencia, la certeza y la perfección” y que al hacerlo elimine “sus contrapartes negativas: la fricción, la opacidad, la ambigüedad y la imperfección” (p. 16).
Morozov logra construir dos buenos argumentos a lo largo del libro en torno al solucionismo tecnológico: uno tiene que ver con las implicancias políticas de dejar las decisiones en manos del culto al dato, y otro con la centralidad de internet como herramienta que tiene capacidad para mejorar las condiciones humanas y los procesos de toma de decisiones.
Con respecto al primer punto, Morozov establece las problemáticas de tipo político a la que el mundo se enfrentaría si se aplican soluciones derivadas del solucionismo tecnológico y es capaz de presentar casos convincentes de las ramificaciones políticas en el capítulo tres y, sobre todo, en el capítulo siete, cuando habla de discriminación basada en datos. Además, Morozov establece una relación clara entre solucionismo tecnológico o tecno utopía y despolitización. La dinámica tecnológica de los solucionistas lo que hace es alejar el conflicto y centrar la toma de decisiones en torno a la eficiencia, la eficacia y la mejora de la gestión y la administración. En esencia, el pensador bielorruso establece y deja en evidencia los componentes y características ideológicas detrás de un movimiento que se escuda en los valores de internet.
Una internet que se vuelve un punto de análisis central en el trabajo de Morozov, que cuestiona el internet-centrismo, concepto al que discute como una idea abstracta, unitaria e incluso transformada en sujeto. En ese marco, critica las nociones que vendrían asociadas de por sí a internet: libertad, apertura, democracia, que garantizarían una correcta existencia y funcionamiento de esa tecnología que, a su vez, podría convertirse en marco estructurante de procesos más vinculados a lo burocrático o lo institucional. Con todo, a Morozov le falta ahondar su crítica en la construcción discursiva en torno al término, ya que no aborda cómo internet se constituye sujeto, sino que trabaja los efectos o fenómenos asociados a esa cuestión.
Su trabajo se podría haber visto beneficiado de un análisis hermenéutico o interpretativo de la narrativa vinculada a internet en tanto sujeto que existe y manifiesta estados de ánimo, valoraciones o críticas políticas. De todos modos, sí aborda la producción de la verdad en el internet-centrismo.
Otra de las problemáticas que presenta el libro de Morozov es que trabaja mucho en torno a un cinismo y sarcasmo que no ayudan a la crítica que esboza en su trabajo. A pesar de un buen cúmulo de ejemplos y un buen trabajo en torno a la documentación de tecnologías que sirven para su crítica, hay momentos en los que el autor bielorruso recurre, tal vez por falta de fundamentos o tal vez como una mera elección estilística, a un humor que no tiene cabida y que le quita relevancia a sus fundamentos. Y esto porque el sarcasmo al que recurre es muchas veces un ataque que no tiene razón de ser más que el ataque en sí, como sucede cuando dice: “es como si los solucionistas nunca hubieran tenido una vida propia, como si hubieran aprendido todo a través de los libros, que además no eran novelas sino manuales de aspiradoras, refrigeradoras y lavadoras” (p. 26).
El concepto que Morozov utiliza como elemento central de su crítica, y que forma parte del título, el solucionismo tecnológico, puede resultar en algunos casos demasiado totalizante y abarcador. El autor lo usa para explicar cuestiones vinculadas a la cocina, la salud, la política, la ciencia y hasta la filosofía y para hacer referencia al impacto que tiene en esas áreas. Aún así, las implicancias del concepto en esos espacios se presentan de manera clara, aunque abarcativas y no siempre con una relación específica.
De todos modos, el libro de Morozov es un excelente trabajo en torno al impacto de la tecnología, de internet y del dato en nuestras vidas. Y de cómo estas cuestiones construyen dinámicas y narrativas que expanden sus redes de funcionamiento y sus lógicas a otros espacios de lo social.
Texto de referencia
Morozov, Evgeny (2015). La locura del solucionismo tecnológico. Clave Intelectual, Katz Editores.