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Durante el final del siglo XX una parte importante de la filosofía continental insistió en que nuestro acceso al mundo está mediado por el lenguaje y las relaciones de poder. Maurizio Ferraris, filósofo italiano, considera que esa intuición, llevada demasiado lejos, terminó produciendo un problema: el exceso de las interpretaciones. Si todo depende de ellas, el autor entiende que es cada vez más difícil explicar qué es lo que distingue una interpretación correcta de una falsa o un hecho de una construcción meramente arbitraria.
El nuevo realismo surge como reacción a ese escenario. Ferraris sitúa incluso su nacimiento en una fecha concreta: junio de 2011, durante una conversación con el filósofo alemán Markus Gabriel, en Nápoles. La propuesta está marcada por una sensación de agotamiento frente al posmodernismo y, sobre todo, frente a la idea de que todo estaría construido por el lenguaje o los conceptos. Es decir, abierto a interpretación.
El problema de “todo es interpretación”
La crítica de Ferraris es tanto filosófica como política. Una parte del pensamiento posmoderno había asociado la realidad con construcciones producidas por el poder, reduciendo la realidad a un marco interpretativo en el que la emancipación estaba dada por la revelación de la construcción del sistema de dominación.
Para Ferraris la política terminó mostrando el reverso de esa operación, ya que el populismo y la utilización política de afirmaciones falsas (pone como ejemplo las supuestas armas de destrucción masiva que justificaron la invasión de Irak) demostraron que la desaparición de una referencia independiente a los hechos también podía beneficiar al poder.
La máxima nietzscheana de “no hay hechos, solo interpretaciones” dejaba de funcionar, entonces, como una crítica al poder y pasaba a convertirse, de acuerdo a Ferraris, en una justificación de la voluntad del más fuerte. Las interpretaciones se vuelven el fundamento de lo que existe.
Una cosa es la realidad y otra lo que sabemos de ella
Esta crítica es el punto de partida del llamado nuevo realismo, en el que resulta importante la separación entre ontología y epistemología. El autor sostiene que el conocimiento al que accedemos puede cambiar: en el proceso de descubrimiento de una teoría científica incorrecta, por ejemplo, no se sigue que aquello sobre lo que hablamos exista porque nosotros simplemente lo conocemos.
El ejemplo más sencillo es el de los dinosaurios, según Ferraris. La palabra “Tiranosaurio Rex” y nuestras teorías acerca de esa especie dependen evidentemente de los seres humanos, pero el animal que vivió millones de años antes de nuestra aparición, no. Confundir ambas cosas significa pasar ilegítimamente del hecho de que nuestro conocimiento está mediado por conceptos a la afirmación de que también la existencia de las cosas depende de ellos.
Ferraris denomina inemendabilidad a una propiedad fundamental de lo real: su capacidad de resistir nuestras correcciones y deseos. El conocimiento corrige nuestra interpretación pero no modifica automáticamente la experiencia, por lo que la realidad es aquello que puede decirnos que no.
Además, el autor invierte una de las intuiciones centrales del constructivismo, por lo que no es el pensamiento el que produce fundamentalmente la realidad; el propio pensamiento surge dentro de una realidad que lo precede. Es decir, que el mundo existía antes que nosotros y seguirá existiendo sin nuestros conceptos.
De todos modos, Ferraris entiende que aceptar una realidad independiente no significa negar que algunas cosas sean socialmente construidas. Para explicarlo, distingue entre objetos naturales y objetos sociales.
Los objetos sociales existen porque determinados actos quedan inscritos o registrados. Por ejemplo, un contrato o una constitución continúan teniendo efectos aunque nadie esté pensando en ellos en un momento determinado, una distinción que le permite a Ferraris conservar una parte de la intuición constructivista sin extenderla a todo lo existente. La principal labor del nuevo realismo, y lo que podríamos entender como su propuesta general, es recordar que interpretar algo no significa crearlo.
Y esa distinción, para Ferraris, tiene consecuencias que exceden la filosofía.
Texto de referencia
Maurizio Ferraris, “New Realism: A Short Introduction”, en Speculations VI, 2015.