Pesadilla americana y desdemocratización
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En 2006, la teórica política estadounidense Wendy Brown publicó en Political Theory un artículo dedicado a una aparente contradicción de la política estadounidense. Por un lado, el neoliberalismo extendía la lógica del mercado sobre ámbitos cada vez más amplios de la vida social; por otro, el neoconservadurismo reclamaba un Estado fuerte, que fuera capaz de imponer valores morales, reforzar jerarquías y proyectar su poder hacia el exterior.
Brown sostiene que no hace falta resolver esa contradicción para entender su eficacia política. Si bien neoliberalismo y neoconservadurismo son racionalidades distintas, la autora entiende que ambas convergen en un mismo efecto: el de la desdemocratización. Por tal razón, erosionan instituciones, vacían la cultura democrática y producen un ciudadano cada vez menos interesado en la igualdad, la libertad política, la participación o la rendición de cuentas.
El neoliberalismo como racionalidad política
Brown entiende que el neoliberalismo es mucho más que un conjunto de políticas económicas, porque cuestiones como las privatizaciones, la desregulación, el rol del Estado o la reducción del gasto público forman parte del fenómeno, pero no lo agotan ni lo explican. La autora sostiene que, en realidad, el neoliberalismo es una racionalidad política, con la que tiene lugar una forma de organizar cómo pensamos el Estado y la sociedad.
De este modo, la lógica del mercado comienza a extenderse hacia ámbitos que antes no estaban definidos por criterios económicos, lo que termina afectando diversas instituciones y a los ciudadanos. Por ejemplo, el Estado pasa a evaluarse según la productividad o la capacidad de gestión y eficiencia; al tiempo que el ciudadano es reimaginado como un emprendedor de sí mismo que es responsable de gestionar de manera individual diversos aspectos de su vida, como la salud o la educación.
Lo que señala Brown es que esto no supone una retirada del Estado, sino más concretamente su instrumentalización. El Estado sigue interviniendo, pero lo hace para producir mercados, incentivos y comportamientos compatibles con esa racionalidad.
Uno de los efectos más importantes de este fenómeno es la despolitización de los problemas sociales, en la que cuestiones colectivas pueden transformarse en problemas individuales con soluciones de mercado, con la privatización o la mercantilización como parte de una dinámica resultadista. Si la educación o salud pública se deterioran se fomenta la contraparte privada, que se construye narrativamente como mejor o más conveniente, lo que vuelve objeto de consumo las problemáticas sociales, que dejan de pensarse desde un marco colectivo y pasan a individualizarse en la mecánica de la compra.
El neoconservadurismo y el Estado moral
El neoconservadurismo, en tanto, funciona de una manera distinta, ya que lo que busca es fortalecer un Estado que es capaz de orientar o guiar moralmente a la sociedad. Brown lo describe como una racionalidad atravesada por patriotismo, autoridad, valores familiares, religión y poder militar. Ante ese Estado-empresa neoliberal aparece un Estado con rasgos morales y, en parte, teológicos.
Esto supone una tensión entre ambas racionalidades, ya que el mercado lo que hace es erosionar muchas de las estructuras familiares y comunitarias que el neoconservadurismo pretende defender. Para Brown, sin embargo, esas contradicciones no impiden que ambas fuerzas se refuercen mutuamente.
Una convergencia desdemocratizadora
Brown sostiene que el neoliberalismo prepara condiciones favorables para el avance neoconservador. En la reducción de la participación política, la naturalización de la desigualdad, la individualización de los problemas sociales y el reemplazo de criterios democráticos por criterios de gestión, lo que ocurre es un debilitamiento de algunos de los frenos culturales frente a formas más autoritarias de poder.
Brown resume este proceso en cuatro movimientos:
Devaluación de la autonomía política: la libertad se reduce cada vez más a consumir o gestionar la propia vida, mientras pierde importancia la participación en las decisiones colectivas.
Despolitización de los problemas sociales: aquello que tiene causas estructurales se transforma en responsabilidad individual.
Producción de un ciudadano gobernable: un sujeto absorbido por sus elecciones privadas puede convivir perfectamente con formas intensas de autoridad política.
Legitimación del estatismo: el poder estatal comienza a evaluarse por su eficacia antes que por su sometimiento a principios democráticos, jurídicos o de rendición de cuentas.
Religión, autoridad y verdad
El fundamentalismo cristiano aparece en el artículo como un suplemento de esta convergencia. Si bien Brown no dice que todo el neoconservadurismo sea religioso, sí entiende que algunas formas religiosas de relación con la verdad y la autoridad facilitan una cultura política que entiende como poco democrática.
Le interesa especialmente una verdad basada en la convicción y la declaración antes que en la deliberación o la contrastación de hechos. Su ejemplo más cotidiano son los mensajes de Support Our Troops durante la guerra de Irak. Brown observa que el lema tiene lugar dentro de una exigencia moral, porque el apoyo a las tropas y al gobierno en esa cruzada se entremezclan o confunden dentro de un mismo gesto de obediencia patriótica.
¿Qué queda para la izquierda?
Por último, Brown desplaza el problema hacia la izquierda. Ante la modificación profunda de la forma en que entendemos, por ejemplo, a la ciudadanía, la derrota electoral de un gobierno conservador no es suficiente porque no se modifican las propias estructuras culturales de poder que lo sustentan.
Para la izquierda es un desafío enorme, ya que puede defender libertades civiles o el Estado de bienestar, pero no tiene una propuesta sobre el fortalecimiento de las instituciones que organizan la sociedad.
La izquierda puede terminar entonces en una posición reactiva: defendiendo libertades civiles, instituciones liberales o el Estado de bienestar frente a fuerzas que los erosionan, pero sin una propuesta propia sobre cómo democratizar los poderes que organizan la vida colectiva.
Texto de referencia
Wendy Brown, “American Nightmare: Neoliberalism, Neoconservatism, and De-Democratization”, Political Theory, vol. 34, n.º 6, 2006, pp. 690–714.